Cuanto más conectados estamos, más estúpidos nos volvemos.Teléfonos celulares, 3G, wi-fi, BlackBerry.
La necesidad de estar conectados todo el tiempo hace que, aunque no estemos usando los dispositivos, una porción de nuestro cerebro esté pendiente de los mismos. Esto quiere decir que no estamos tan en foco como podríamos con los asuntos que tenemos entre manos.
Incluso cuando no se trata de nuestros dispositivos, apenas los vemos en manos de otros, sabemos que la competencia por la atención de esa persona está perdida.
En su interesantísimo libro Perfect Pitch, Jon Steel (también autor de Truth, lies and advertising: the art of account planning), dedica todo un capítulo a esta cuestión. En el mismo, cita un estudio comisionado por Hewlett-Packard, que sugiere que el uso frecuente de mensajes de texto y e-mails tiene un efecto negativo en el cerebro, equivalente a una noche de insomnio o a dos cigarrillos de marihuana (sin incluir la diversión, claro). Asimismo, investigadores de la Universidad de Londres, probaron que estar constantemente tipeando en teléfonos celulares, blackberries, teclados de computadora, o simplemente estar pendiente todo el tiempo de los posibles mensajes recibidos, reducen el cociente intelectual de una persona en 10 puntos. Así nomás.
Según un artículo publicado por el psiquiatra Edward Hallowell, en la Harvard Business Review (“Overloaded Circuits: Why Smart People Underperform”), en los últimos años nos hemos programado para creer que si no estamos conectados todo el tiempo, el mundo entero puede derrumbarse. El correo debe ser respondido, las llamadas atendidas, los archivos enviados. Mañana, no. En un rato, tampoco. Ya. Qué importa interrumpir el momento de pensar una estrategia que pueda valer $1,000,000. La gente se mide por su velocidad de respuesta y por la percepción que genera de estar "siempre disponible".
El problema fisiológico que surge en el cerebro cuando éste se enfrenta con multiples y -muy a menudo- contrapuestas tareas es que los lóbulos frontales se sobrecargan. La gente no sabe que esto le está ocurriendo, pero cuando sucede, las partes más primitivas de nuestro cerebro entran en "modo supervivencia". En situaciones así, perdemos perspectiva, juzgamos erróneamente, y ciertamente nos volvemos más irritables.
Si bien la velocidad para realizar tareas es un atributo positivo, lo es siempre y cuando el trabajo se haya realizado satisfactoriamente. Y en la jerarquía de atributos, la velocidad no le gana la carrera a la inteligencia.
No es secreto que muchas buenas ideas ocurren mientras dormimos. Literalmente, nos vamos a dormir con nuestros problemas, y a menudo amanecemos con las soluciones. Salimos a correr y volvemos con respuestas. En las vacaciones, durante la segunda semana empezamos a entender cuestiones de nuestro trabajo que en el día a día no sabemos interpretar.
Es necesario, una vez que uno ya ha investigado profundamente una situación, hacer lugar para que la cabeza trabaje. Cuando dejamos de pensar en un problema, el cerebro toma todas las partes del asunto y las reordena sin que lo sepamos, para entregarnos en el momento menos pensado la solución. Desconectar de los problemas, para conectar con las soluciones.
A veces, es necesario alejarse del trabajo para hacerlo bien.
Los buenos jefes, agradecidos.




