
Me fui de Facebook. Pero no estoy solo.
En estos días estuve y hablé con más amigos que en mucho tiempo.
Pareciera ser que la tecnología, a medida que amplía nuestras posibilidades de contactarnos con otras personas, va a su vez haciendo menos profundos esos contactos y esas relaciones. Como si nuestra capacidad de relacionarnos tuviese un límite, y al aparecer nuevas formas de hacerlo, la entrega por contacto se redujese. Como un lago que tiene una cantidad determinada de agua, y de repente fuese trasladado a un lecho de mayor área. Es cierto que tenemos ahora un lago más grande, pero también es cierto que tiene sólo unos pocos centímetros de profundidad.
Y a mí me gusta nadar.
Cuando apareció el teléfono, seguramente la gente dejó de verse tan seguido, porque ya no era necesario hacerse presente para conversar. ¿Entonces, fue malo para las relaciones que apareciera el teléfono? Para nada, todo lo contrario.
¿Es Facebook malo, entonces? Tampoco.
Pero sí creo que somos una gran mayoría -casi todos- los que entramos en Facebook de una manera que luego termina siendo una trampa. Facebook empuja constantemente a agregar “amigos”. Así, cuando uno quiere darse cuenta, tiene un listado compuesto por 100, 200, 500, 1000
“amigos”, y unos 5 amigos sin comillas.
Cuando me di cuenta de esto, ya era tarde. Y ahora, para que Facebook pasara a ser -para mí- lo que yo quería, tenía que eliminar a 300 contactos. Y se ve que tengo más alma suicida que de asesino serial. Así que me eliminé yo, sin ofender a nadie (creo).
Como metodología para retirarme de Facebook, alerté a mis contactos con 10 días de anticipación. Simple, en mi muro puse la siguiente frase:
“Countdown: en 10 días me voy de Facebook”; “Countdown: en 9 días me voy de Facebook”; y así hasta llegar al día final. De esta manera, las personas que realmente son importantes, se ocuparon de que intercambiáramos datos para poder seguir en contacto después.
Pero me pareció interesante el comentario de una chica, con la que trabajé brevemente hace varios años, y que resume la profundidad de las relaciones en Facebook:
“…te vas?... bueno, supongo que perderé contacto contigo…”
Brillante, ¿no?
Y la diferencia con el mensaje de un amigo sin comillas:
“Chau Hannibal… nos vemos el lunes”.
Creo que esos dos ejemplos resumen muy bien lo que –no sé si con éxito- intenté expresar más arriba.
Sigo prefiriendo 4 llamados de cumpleaños, que 65 mensajes pre-formateados en el muro de Facebook. Prefiero que 4 amigos recuerden esa fecha porque les importa, a que una red social les avise a 300 que deben cumplir con dejar un mensaje por el simple hecho de haber sido alertados (¡y qué descortesía sería no hacerlo!).
Creo que muchas personas están sintiendo algo parecido.
Sino por qué estaría
esto en YouTube. Y
esto. Y
esto también.
Me fui de Facebook. Pero no estoy solo.