jueves, 31 de diciembre de 2009

Año Nuevo

Un año termina y otro comienza.
Para muchos, es un momento de balances.
Pero esos muchos no son tantos. No, si consideramos que sólo el 20% de la población mundial celebra el 1 de Enero como el inicio de un nuevo año.

Luego de pensar en esta minoría que somos, la fragmenté en dos realidades: el año nuevo austral, y el año nuevo septentrional.
El primero es el que me toca disfrutar. Y creo que, como a todos los que nacimos y vivimos en el hemisferio Sur, la proximidad del año nuevo significa, además, otras cosas: el final de las clases, la llegada del verano, las vacaciones.
Las vacaciones, que nos permiten realmente cerrar una etapa para, luego, abrir algo nuevo con energías también renovadas.
Es necesario cerrar, para poder volver a abrir. Abrirse.

En cambio, en el norte, todo es al revés. El período escolar empieza y termina a mitad de año. Los fines y los comienzos no coinciden. El fin de año llega junto con el frío. Cuando comienza el año, las vacaciones aún se encuentran lejos. Lejísimos.
¿Podrán cerrar? ¿Podrán reabrir?
¿Cómo será que el año te reciba con frío? Con proyectos a mitad de camino…

Es como si el hemisferio Sur acompañase al calendario de manera natural, y el Norte estuviese patas arriba.
¿Será que lo siento así porque soy de aquí?

lunes, 28 de diciembre de 2009

"Robar"

"Nada es original. Robá de cualquier lugar que te inspire o alimente tu imaginación. Devorá películas viejas, películas nuevas, música, libros, pinturas, fotografías, poemas, sueños, conversaciones aleatorias, arquitecturas, puentes, señales de tránsito, árboles, nubes; formas de agua, luz y sombras. Seleccioná robar sólo de cosas que le hablen directamente a tu alma. Si hacés esto, tu trabajo (y tu robo) será auténtico.
La autenticidad es invaluable; la originalidad no existe.
Y no te preocupes por ocultar tu robo -celebralo si querés. Como sea, recordá siempre lo que dijo Jean-Luc Godard: "No se trata acerca de dónde tomás las cosas, sino hacia dónde sos capaz de llevarlas."
--- Jim Jarmusch

domingo, 13 de diciembre de 2009

Facebookless

Me fui de Facebook. Pero no estoy solo.
En estos días estuve y hablé con más amigos que en mucho tiempo.

Pareciera ser que la tecnología, a medida que amplía nuestras posibilidades de contactarnos con otras personas, va a su vez haciendo menos profundos esos contactos y esas relaciones. Como si nuestra capacidad de relacionarnos tuviese un límite, y al aparecer nuevas formas de hacerlo, la entrega por contacto se redujese. Como un lago que tiene una cantidad determinada de agua, y de repente fuese trasladado a un lecho de mayor área. Es cierto que tenemos ahora un lago más grande, pero también es cierto que tiene sólo unos pocos centímetros de profundidad.
Y a mí me gusta nadar.

Cuando apareció el teléfono, seguramente la gente dejó de verse tan seguido, porque ya no era necesario hacerse presente para conversar. ¿Entonces, fue malo para las relaciones que apareciera el teléfono? Para nada, todo lo contrario.

¿Es Facebook malo, entonces? Tampoco.
Pero sí creo que somos una gran mayoría -casi todos- los que entramos en Facebook de una manera que luego termina siendo una trampa. Facebook empuja constantemente a agregar “amigos”. Así, cuando uno quiere darse cuenta, tiene un listado compuesto por 100, 200, 500, 1000 “amigos”, y unos 5 amigos sin comillas.
Cuando me di cuenta de esto, ya era tarde. Y ahora, para que Facebook pasara a ser -para mí- lo que yo quería, tenía que eliminar a 300 contactos. Y se ve que tengo más alma suicida que de asesino serial. Así que me eliminé yo, sin ofender a nadie (creo).

Como metodología para retirarme de Facebook, alerté a mis contactos con 10 días de anticipación. Simple, en mi muro puse la siguiente frase:
“Countdown: en 10 días me voy de Facebook”; “Countdown: en 9 días me voy de Facebook”; y así hasta llegar al día final. De esta manera, las personas que realmente son importantes, se ocuparon de que intercambiáramos datos para poder seguir en contacto después.
Pero me pareció interesante el comentario de una chica, con la que trabajé brevemente hace varios años, y que resume la profundidad de las relaciones en Facebook:
“…te vas?... bueno, supongo que perderé contacto contigo…”
Brillante, ¿no?
Y la diferencia con el mensaje de un amigo sin comillas:
“Chau Hannibal… nos vemos el lunes”.
Creo que esos dos ejemplos resumen muy bien lo que –no sé si con éxito- intenté expresar más arriba.

Sigo prefiriendo 4 llamados de cumpleaños, que 65 mensajes pre-formateados en el muro de Facebook. Prefiero que 4 amigos recuerden esa fecha porque les importa, a que una red social les avise a 300 que deben cumplir con dejar un mensaje por el simple hecho de haber sido alertados (¡y qué descortesía sería no hacerlo!).

Creo que muchas personas están sintiendo algo parecido.
Sino por qué estaría esto en YouTube. Y esto. Y esto también.

Me fui de Facebook. Pero no estoy solo.