Ya seas un trainee o un asistente, incluso un ejecutivo en una agencia de publicidad, corrés el riesgo de estar bajo el comando de alguien mediocre. Debajo de alguien que por algún motivo no quiere que crezcas o, quizás sin intención, no sabe darte el lugar para que eso ocurra.¿Qué hacer?
¿Ir a hablar con el jefe de nuestro jefe para decirle "mi jefe no me deja crecer"?
Lo he visto ocurrir, nada bueno viene después de eso.
Sin embargo, las agencias de publicidad tienen una salida a este problema. Todas las agencias.
La mejor oportunidad que uno puede crearse es aquella que nadie más desea. Y en las agencias ese momento se denomina Pitch (cuando se compite con otras agencias por un nuevo cliente que ha puesto su cuenta en revisión). Ciertamente más del 90% de la gente que trabaja en publicidad tiene ya demasiado trabajo como para desear tener aún más, y que éste no represente más dinero en la cuenta personal a fin de mes.
Cuando asoma la posibilidad de un concurso de agencias, es casi como cuando en las películas de guerra alguien dice "soldados, tenemos una misión terrible delante nuestro, muchos de los que vayan, no volverán. Quienes estén dispuestos a servir a la patria, den un paso al frente."
Lo bueno es que, en publicidad, no arriesgamos la vida. Bueno, no toda, sino una porción más grande de horas.
En el caso particular de la lucha contra la mediocridad de algún jefe, el Pitch es la oportunidad no sólo de trabajar en un equipo aparte, conformado especialmente para intentar ganar el nuevo negocio, sino que además es la gran oportunidad de trabajar codo a codo con los directivos de la empresa, los peces gordos: el Director General Creativo, el Director de Planning, etc. Es la posibilidad de que otras personas puedan juzgar nuestra capacidad, nuestro trabajo, sin el filtro de la opinión que nuestro jefe aporta. Es el momento en que podemos trabajar con "el jefe del jefe" sin ofender a este último. Por sobre todas las cosas, es el momento de brillar ante los ojos correctos.
Y si lo hacemos bien, es probable que alguien le toque el hombro a nuestro jefe y le diga: "ey, nunca me hablaste de este chico". O mejor: "¿este es el chico que no quisiste recomendar cuando surgió la posibilidad de un ascenso?"

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